Por gran entusiasmo, la ONPE lanzó su plataforma para consultar si uno es miembro de mesa y bastaron unas horas —y algunos miles de clics— para que el sistema colapsara. Las redes no perdonaron: si hoy se cae con consultas básicas, ¿qué pasará cuando millones entren a la vez en pleno proceso electoral? La comparación con países que gestionan cientos de millones de ciudadanos resulta inevitable y, sobre todo, incómoda. Más que un traspié técnico, el episodio revela una preocupante fragilidad digital. El reportaje pone el dedo en la llaga y lanza una advertencia clara: así, el 2026 pinta riesgoso.
ONPE en la cuerda floja digital
La caída de la plataforma para consultar si se es miembro de mesa expone graves debilidades tecnológicas en la ONPE y anticipa un riesgo mayor rumbo a las Elecciones Generales 2026.
(americasistemas.pe. Lima, Perú – 04 de febrero 2026) La reciente habilitación de una plataforma digital de la ONPE para que los ciudadanos verifiquen si fueron designados miembros de mesa ha encendido las alarmas en redes sociales. No por la iniciativa en sí, sino por su estrepitoso debut: el sistema colapsó ante una demanda que, según usuarios, no fue extraordinaria.
Los cuestionamientos son directos y preocupantes. Si una consulta básica, difundida un jueves por la noche, bastó para tumbar el servicio, ¿qué ocurrirá cuando millones de peruanos intenten acceder simultáneamente en momentos críticos del proceso electoral? El escenario no es hipotético: basta recordar el día de las elecciones o las fechas límite para excusas y capacitaciones.
La comparación es inevitable —y dolorosa—. Países como India, Brasil o México, con poblaciones que superan largamente los cien millones de ciudadanos, operan plataformas de diversos servicios robustas, capaces de soportar picos masivos de consultas sin interrupciones. Perú, con apenas 33 millones de habitantes, no logra sostener miles de accesos concurrentes. Para muchos, esto no es un error menor: es una vergüenza nacional.

A ello se suma otro aspecto sensible: la exposición innecesaria de datos personales, como el DNI de los miembros de mesa, lo que abre interrogantes sobre el cumplimiento de normas de protección de datos y la seguridad de la información electoral.
Las redes son claras en su diagnóstico: la ONPE debe reconocer la debilidad de su infraestructura digital y, con urgencia, rodearse de especialistas capaces de diseñar sistemas escalables, resilientes y seguros. La transformación digital no se anuncia; se ejecuta con planificación, pruebas de estrés y liderazgo técnico.
El llamado es preventivo y directo. La confianza ciudadana en un proceso electoral también se juega en lo digital. Ignorar estas señales hoy puede traducirse mañana en caos, desinformación y deslegitimación. Aún hay tiempo, pero no margen para la improvisación.
