La brecha digital en el Perú persiste con mayor crudeza en zonas rurales, donde la conectividad sigue siendo limitada. En un encuentro de Internet Society, se destacó el modelo de redes comunitarias como una alternativa sostenible, donde las propias comunidades diseñan, operan y mantienen su acceso a Internet. Claudia Córdova explicó este enfoque como una “tercera vía” frente al Estado y el mercado. Carlos Valdés cuestionó las cifras oficiales y pidió mayor transparencia, mientras Luis Montes advirtió sobre retos de gobernanza y sostenibilidad. El consenso: sin articulación, políticas adecuadas y participación local, cerrar la brecha digital seguirá siendo una tarea pendiente.
Conectividad desde abajo: la revolución silenciosa de las redes comunitarias
Internet Society impulsa un modelo donde las comunidades construyen su propia conectividad. Expertos advierten que sin cambios en políticas, gobernanza y articulación, la brecha digital rural seguirá profundizándose.
(americasistemas.pe. Lima, Perú – 29 de abril 2026) La brecha digital en el Perú ya no es una estadística lejana: es una fractura tangible que separa oportunidades. Mientras en Lima aún un 11.3% de personas no accede a Internet, en zonas rurales la desconexión se dispara a más del 40%. En ese escenario, el reciente encuentro virtual convocado por Internet Society (ISOC) puso sobre la mesa una propuesta disruptiva: que las propias comunidades construyan su conectividad.
El evento, moderado por Alfredo Astudillo y liderado por la especialista Claudia Córdova, dejó un mensaje claro: el modelo tradicional ha llegado a su límite. Para qué seguirnos engañándonos, nos pareció escuchar.
La “tercera vía” de la conectividad
Córdova fue contundente. El esquema actual —basado en operadores privados y acción estatal— resulta insuficiente en territorios donde no hay rentabilidad ni prioridad pública. Frente a ello, emergen las redes comunitarias como una “tercera vía”.
No se trata de internet gratuito ni de soluciones improvisadas. Es infraestructura diseñada, operada y sostenida por la propia comunidad. “La apropiación tecnológica es el mayor valor”, explicó, subrayando que estas redes no solo conectan, sino que empoderan.
El enfoque de ISOC incluye herramientas concretas: capacitación técnica, plataformas de aprendizaje, fondos de hasta 200 mil dólares y metodologías que priorizan sostenibilidad financiera. Pero el proceso no es inmediato: puede tomar años de trabajo social, formación y diseño económico viable.
Una brecha más compleja de lo que parece
El panelista Carlos Valdés puso el dedo en la llaga: las cifras oficiales pueden ser engañosas.
“Se presenta el acceso a Internet con cierto triunfalismo, pero no se distingue entre conexión móvil y fija. En zonas rurales, esa diferencia es crítica”, advirtió. Para él, el problema no es solo de cobertura, sino de calidad y utilidad real del servicio.
Valdés también cuestionó la falta de datos precisos sobre colegios y centros de salud conectados. “Hay escuelas ‘conectadas’ donde solo funciona la oficina del director. Las aulas siguen desconectadas”, señaló. Cita cruda, pero real.
Su conclusión es directa: el Estado no puede solo. Se requiere transparencia de información y una articulación efectiva con academia, sector privado y sociedad civil.
Gobernanza, sostenibilidad y riesgos
Luis Montes aportó una mirada técnica y estructural. Identificó múltiples tecnologías disponibles —desde Wi-Fi de largo alcance hasta soluciones satelitales—, pero enfatizó que el verdadero desafío no es tecnológico, sino organizacional.
“La conectividad comunitaria no es solo una solución técnica, es un acto político de autodeterminación digital”, afirmó.
Montes alertó sobre riesgos críticos: captura de proyectos por élites locales, falta de relevo técnico, conflictos por tarifas y ausencia de marcos regulatorios adecuados. Además, subrayó un punto clave: la sostenibilidad.
Según sus estimaciones, una red comunitaria requiere entre 80 y 150 usuarios para alcanzar equilibrio financiero, con retornos que pueden tardar hasta siete años. Sin densidad poblacional ni capacidades técnicas locales, el modelo se debilita.
El desafío de escalar en el Perú
El consenso entre los especialistas es claro: el país tiene condiciones favorables —como un fuerte tejido social en comunidades rurales—, pero carece de políticas específicas para redes comunitarias.
A diferencia de países como Argentina o México, donde estos modelos ya cuentan con reconocimiento legal, en el Perú aún no existe un marco normativo claro. Esto limita su expansión.
Córdova, con experiencia en el sector público, fue crítica: la falta de coordinación institucional es uno de los mayores obstáculos. Frente a ello, planteó una estrategia pragmática: impulsar soluciones locales, apoyadas por universidades y actores comunitarios, mientras se avanza en cambios regulatorios.
Más que tecnología: una oportunidad de transformación
El encuentro de ISOC no solo evidenció una problemática estructural, sino también una oportunidad histórica. Las redes comunitarias aparecen como una alternativa viable para conectar a las más de 50 mil localidades rurales que hoy quedan fuera del radar del mercado y del Estado.
Pero el mensaje final es contundente: sin voluntad política, innovación en políticas públicas y participación activa de las comunidades, la brecha digital seguirá ampliándose.
En palabras de los propios expertos, el futuro de la conectividad no se decidirá únicamente en los despachos, sino en el territorio. Y esta vez, las comunidades quieren ser protagonistas.
