El reciente rumbo del MTC es alentador. El D.S. 016-2026-MTC, que reemplaza la burocracia previa por una fiscalización posterior inopinada, es un acierto: no se eliminan controles, se optimizan para ser más eficientes y focalizados en el riesgo.
Paralelamente, el proyecto de Reglamento de cobertura busca estandarizar metodologías, un paso crucial para la transparencia. Sin embargo, el verdadero desafío será no confundir «señal» con «calidad». La cobertura debe reflejar la experiencia real del usuario (velocidad y estabilidad), no solo un mapa optimista. Estos vientos de cambio son positivos, siempre que el Estado asuma su rol fiscalizador con rigor y evite que la simplificación derive en una supervisión laxa.

