Mientras un país de la región consolida su liderazgo exportando software —con hasta 4% de su PBI proveniente de estos servicios— nuestro país aún no da el salto de usuario a creador tecnológico. AS recoge impresiones de múltiples eventos del sector donde expertos coinciden: el conocimiento es clave para el desarrollo. Se requiere un Estado con visión, educación alineada e incentivos claros, pero también un sector privado más comprometido con la formación e innovación. La reciente agenda bilateral abre oportunidades concretas, pero el reto es interno: articular talento, política y empresa para competir globalmente en la economía digital.
Uruguay marca el camino: del uso a la creación, la ruta que Perú no puede postergar
Mientras Uruguay exporta conocimiento y software como motor económico, Perú enfrenta el reto de transformar su talento en valor global mediante educación, política pública y exigencia empresarial articulada.
(americasistemas.pe. Lima, Perú – 06 de mayo 2026) La escena es reveladora. En la Embajada de Uruguay en Lima, autoridades y actores del ecosistema tecnológico discuten cooperación, inteligencia artificial y exportación de servicios. Pero detrás del protocolo, subyace una verdad incómoda: mientras Uruguay, con una décima parte de la población peruana, exporta hasta ocho veces más software, Perú sigue atrapado en el eslabón más débil de la cadena digital: el consumo.
La diferencia no es tecnológica. Es estructural. Es la brecha entre saber usar y saber crear, cita textual del Dr. Ernesto Cuadros.
Uruguay lo entendió hace años. Hoy, cerca del 4% de su PBI proviene de la exportación de servicios de software, una cifra que no solo refleja volumen, sino sofisticación. No es casualidad: hay una política de Estado consistente, incentivos claros, estabilidad normativa y, sobre todo, una apuesta sostenida por el talento.
El conocimiento como eje productivo
En los múltiples eventos tecnológicos que se desarrollan en Lima —y que América Sistemas (AS) viene cubriendo sistemáticamente— hay un consenso cada vez más nítido: el conocimiento no es un complemento, es una de las patas centrales de la mesa del desarrollo. Sin talento formado para crear, innovar y exportar, no hay transformación digital real.
Los Servicios Basados en el Conocimiento (SBC), especialmente en campos como la inteligencia artificial, representan hoy una de las principales palancas de crecimiento global. No requieren grandes infraestructuras físicas, pero sí capital humano altamente calificado, marcos regulatorios modernos y ecosistemas colaborativos.
¿Qué debe hacer el Estado?
La evidencia regional es clara. Los países que avanzan comparten al menos cuatro decisiones estratégicas:
Política pública sostenida: visión de largo plazo que trascienda gobiernos, con foco en industrias del conocimiento.
Educación alineada al mercado: formación en STEM, programación y habilidades digitales desde etapas tempranas.
Incentivos fiscales y regulatorios: marcos que faciliten exportaciones, inversión extranjera y eviten la doble imposición.
Articulación del ecosistema: conexión efectiva entre academia, startups, corporaciones y sector público.
Uruguay ha logrado precisamente eso: coherencia entre discurso y ejecución.
¿Y qué del sector privado?
Pero no todo recae en el Estado. El sector empresarial tiene una responsabilidad crítica: dejar de ser solo demandante de talento para convertirse en co-creador del mismo.
Esto implica:
– Invertir en capacitación continua.
– Participar activamente en la formación (bootcamps, alianzas con universidades).
– Apostar por innovación y exportación, no solo por servicios locales.
– Exigir mejores condiciones, sí, pero también asumir riesgos.
– El desarrollo de una economía del conocimiento no se terceriza.
Cooperación inteligente: una oportunidad real
La reciente reunión bilateral entre Perú y Uruguay apunta en la dirección correcta: intercambio de capacidades, misiones comerciales, revisión normativa y construcción de un ecosistema integrado. No se trata de competir, sino de aprender y acelerar.
Porque en la economía digital, el tamaño del país importa menos que la calidad de su talento y la claridad de su estrategia.
La conclusión es inevitable
Perú tiene talento. Tiene mercado. Tiene oportunidades. Lo que aún está en construcción es la decisión colectiva de dejar de ser usuario y pasar a ser creador.
Y esa transición —como repiten expertos en cada foro tecnológico reciente— no es opcional. Es el único camino viable hacia un crecimiento sostenido y competitivo en el siglo XXI.
