El teléfono, históricamente símbolo de cercanía y confianza, hoy se ha transformado en una de las principales puertas de entrada al fraude en América Latina. Entre diciembre de 2025 y enero de 2026, el 88% de los ciudadanos recibió llamadas no deseadas y, lo más grave, una de cada diez tuvo fines delictivos, según datos analizados por Kaspersky. Ya no se trata solo de molestias: el spam telefónico ha evolucionado hacia esquemas sofisticados de ingeniería social, suplantación institucional y control remoto de dispositivos. El problema exige algo más que bloqueo individual: coordinación entre reguladores, empresas de telecomunicaciones, firmas de ciberseguridad y una ciudadanía mejor informada.
