Perú alcanza 85.6% de cobertura escolar, pero PISA 2025 evidencia estancamiento en aprendizajes pospandemia. Ciencias resiste (406 pts), pero Lectura cae 18.1 puntos y Matemática desciende a 382. El aprendizaje digital (436 pts) está muy por debajo del promedio OCDE (500), y el 56.3% de estudiantes se distrae con dispositivos sin guía docente. El soporte familiar se erosiona y la desvinculación escolar crece. La masificación sin calidad genera una ilusión de progreso que no se traduce en competencias para la economía del futuro.
La paradoja de las aulas peruanas: Prueba PISA 2025 refleja espejismo de cobertura educativa y bajo desempeño escolar postpandemia
Los resultados de PISA 2025 revelan una amarga paradoja: el Perú logra una escolaridad récord del 85.6%, pero los aprendizajes escolares continúan estancados tras la pandemia. Aunque la ciencia resiste, la lectura se desploma y las aulas sufren un apagón digital, donde las pantallas digitales distraen al carecer de guía docente y contenido educativo contextualizado.
(americasistemas.pe, Lima, Perú – 09 de setiembre de 2026) – El debate sobre la educación en el Perú ha cobrado una nueva dimensión tras la publicación de los resultados del Programa para la Evaluación Internacional de Estudiantes (PISA) 2025. En un contexto global donde los países de la OCDE muestran un agotamiento post-PISA 2022, con resultados que fluctúan entre el estancamiento y el retroceso, el Perú se erige como un caso de estudio paradójico. Lejos de ser un simple ranking de posiciones, PISA funciona hoy como una brújula de competitividad país; una métrica que no solo evalúa qué saben los jóvenes de 15 años, sino qué tan capaces serán de sostener la solvencia del mercado laboral en la próxima década. Para el Perú, la señal es mixta: hay una inclusión escolar sin precedentes, pero el bache cognitivo dejado por el confinamiento representa una amenaza directa a la productividad nacional a largo plazo.
- El hito invisible de la cobertura vs. el bache cognitivo
Desde una perspectiva de arquitectura de datos sociales, el sistema educativo peruano ha logrado integrar al 85.6% de los adolescentes de 15 años. Esta masificación es un éxito de política pública, pero ejerce una presión titánica sobre la calidad que el Estado no ha sabido mitigar. Los datos de 2025 revelan que la cohorte evaluada, estudiantes que enfrentaron el confinamiento a los 10 u 11 años, arrastra las cicatrices de una desconexión prolongada que PISA denomina un bache cognitivo global.
Sin embargo, este bache no afectó a todos por igual. La inclusión sin infraestructura generó una «ilusión de progreso» que los datos de 2025 desmitifican. El rendimiento actual es el eco de una recuperación segregada geográficamente.
Evidencia Crítica: En 2020, la brecha de conectividad sentó las bases de un bache cognitivo asimétrico: mientras en zonas urbanas el 47.7% de los estudiantes de secundaria tenía acceso, en el ámbito rural apenas el 5.3% podía sostener un vínculo educativo. Esta fractura es la causa raíz de la debilidad estructural que hoy limita nuestra convergencia con los estándares internacionales.
Esta masificación sin calidad ha creado un sistema de «seguidores resilientes» que, si bien permanecen en el aula, no logran transformar esa permanencia en las competencias necesarias para una economía de alto valor agregado.
- Benchmarking regional en el espejo de la OCDE
Para los tomadores de decisiones, la comparación relativa identifica ventajas competitivas y cuellos de botella en el capital humano. El Perú mantiene una posición de «seguidor resiliente», superando a Argentina en Ciencias y Matemática, pero la brecha frente al promedio OCDE de 482 puntos en Ciencia sigue siendo de 76 puntos, lo que equivale a un rezago de casi cuatro años de escolaridad efectiva.
Tabla 1. Benchmarking regional de rendimiento cognitivo, digital e inclusión escolar en PISA 2025

Aunque el Perú muestra resiliencia en Ciencia, su posición como «seguidor» es peligrosa en una economía impulsada por la IA. La resiliencia en métricas tradicionales es insuficiente si el dominio de la lectura, base de todo aprendizaje, se encuentra en caída libre.
- Radiografía de las competencias (Ciencia, Lectura y Matemática)
La evolución histórica de estas competencias es el predictor más fiable del éxito económico a largo plazo de una nación.
- Ciencia (406 pts): Es el área más resiliente, con un avance acumulado de +37 puntos desde 2009. No obstante, seguimos lejos de los niveles de innovación que demanda el mercado global.
- Lectura (390 pts): Aquí enfrentamos una crisis de fundamentos. La caída de 18.1 puntos es alarmante, pero el dato más crítico es que el porcentaje de «lectores apresurados» —estudiantes que responden rápido pero incorrectamente— se ha casi duplicado entre 2018 y 2025. Esta incapacidad para procesar información profunda anula la capacidad del estudiante para aprender cualquier otra materia.
- Matemática (382 pts): Perú participa de una crisis global donde la matemática ha caído especialmente fuerte tras 2018. Bajamos de 400 puntos en 2018 a 391 en 2022, llegando ahora a 382. Con menos recursos para la recuperación que los países OCDE, esta tendencia amenaza con cronificar la baja productividad.
- El sesgo de adopción tecnológica y la necesidad de mediación pedagógica
La métrica de Aprendizaje Digital (Learning in a Digital World – LDW / Computational Problem Solving – CPS pts) evalúa la capacidad de los estudiantes de 15 años para resolver problemas complejos e interactivos mediante el pensamiento computacional, la simulación de modelos y la gestión crítica de información digital. En PISA 2025, el Perú registra 436 puntos, situándose por debajo del promedio OCDE (500 pts) y de referentes regionales como Chile (466 pts).
Para la realidad socioeducativa peruana, este indicador tiene importancia estratégica por tres razones:
- Superación del consumo pasivo: Demuestra que el acceso a dispositivos no equivale al desarrollo de competencias digitales; nuestros estudiantes consumen contenido digital, pero carecen de la estructura cognitiva para programar, analizar algoritmos o resolver problemas no rutinarios.
- Efecto multiplicador en la productividad: El puntaje CPS es el predictor de la adaptabilidad de la futura Fuerza Laboral (PEA) ante los entornos guiados por la Inteligencia Artificial y la automatización.
- Insumo para la inversión pública: Reorienta la evaluación del gasto gubernamental, pasando de medir hectáreas de aulas con wifi o número de tablets repartidas, hacia el rendimiento cognitivo en entornos digitales interactivamente complejos.
Este déficit digital se convierte en un lastre macroeconómico al considerar los más de 8 millones de peruanos en edad de trabajar (PEA) que no terminaron el colegio. En el aula, el panorama es de dispersión: el 56.3% de los estudiantes admite distraerse con dispositivos digitales, anulando el beneficio de la inversión en tablets. Como señala Andreas Schleicher, director de Educación de la OCDE: «La tecnología puede ser un amplificador de capacidades, pero solo si los estudiantes poseen las herramientas cognitivas para usarla sabiamente». Sin ellas, la incorporación tecnológica genera una fricción pedagógica que sustituye el procesamiento cognitivo profundo en lugar de potenciarlo.
- La paradoja socio-afectiva y la erosión familiar
Los cimientos invisibles del rendimiento son el bienestar emocional y el soporte externo. Perú muestra una alta resiliencia emocional y confianza en los docentes, pero el entorno familiar se está desmoronando como red de soporte académico.
El Índice de Soporte Familiar en Perú es de -0.23, significativamente inferior al -0.19 del promedio OCDE. Esta brecha se refleja en la caída del interés parental diario (de 69% a 58%) y el seguimiento de notas (54% a 48%). Asimismo, el factor truancy es crítico: el indicador de «Falta de Inasistencia» (Lack of Truancy) para Perú es de solo 53.7%, frente al 66.1% de la OCDE, lo que evidencia una desvinculación escolar mucho mayor que la de nuestros pares competitivos. La escuela no puede sustituir la formación de hábitos que corresponde al hogar.
- Rutas críticas de política pública
Los datos sin acción son solo ruido estadístico. El Estado peruano requiere una agenda inmediata para evitar que el bache se vuelva irreversible:
- Plan Nacional de Alfabetización Profunda y Pensamiento Crítico: Reorientar el currículo para combatir al «lector apresurado», priorizando la síntesis y la interpretación sobre la velocidad, protegiendo el tiempo de lectura profunda en la jornada escolar.
- Estrategia de Conversión y Desarrollo de Competencias en Educación Digital Docente: El docente peruano debe transitar decididamente de un perfil transmisor tradicional a un Docente Diseñador de Experiencias Digitales de Aprendizaje. Esta reconversión requiere:
- Formación continua en Pedagogía Digital y Pensamiento Computacional: Programas de especialización con marcos internacionales para que los maestros guíen la resolución de problemas (CPS) integrando herramientas digitales e IA en sus sesiones curriculares.
- Acompañamiento pedagógico en aula: Implementación de mentores tecnológicos que ayuden al docente a transformar el uso defensivo de la tecnología (evitar distracciones) en un uso estratégico y de alto valor cognitivo.
- Certificación por competencias e incentivos: Incorporar el dominio de la educación digital aplicada como un criterio explícito de progresión en la Carrera Pública Magisterial.
- Pacto Comunitario por el Soporte del Hogar: Cruzada nacional para concienciar a los padres sobre el impacto de su involucramiento. El hogar debe dejar de ser un espacio de distracción digital para volver a ser la «primera escuela».
Es imperativo convertir la matrícula histórica en aprendizaje efectivo. El éxito país no se mide por cuántos jóvenes entran al sistema educativo peruano, sino por cuántos salen con las herramientas cognitivas para desafiar un futuro dominado por la IA. El tiempo para cerrar la brecha de desempeño escolar es ahora.


Un comentario
El soporte del hogar es fundamental en el proceso de formación de los niños y jóvenes. Es labor de la escuela y de la municipalidad como organizaciones del Estado, de despertar en los padres de familia su compromiso con la formación de los niños y jóvenes.