La ONPE en el ojo de la tormenta: contrató a una empresa auditora seriamente cuestionada, señalada en reportes periodísticos y expuesta en contenidos de varios canales de señal abierta de la capital. Lo revelado es grave: inconsistencias, opacidad y dudas sobre su real capacidad técnica. Pese al escándalo, la ONPE intenta minimizar los hechos, en una actitud que para muchos equivale a querer tomar por ingenuos a los peruanos. La desconfianza crece y la pregunta es inevitable: ¿quién supervisa a quienes deben garantizar la transparencia electoral? El JNE tampoco parece actuar. Adónde apuntan, nos preguntamos.

