La segunda entrega de América Sistemas expone una preocupante ausencia de liderazgo en la Secretaría de Gobierno y Transformación Digital. Ernesto Carrera Salas, como órgano rector de la gestión digital del Estado, mantiene un silencio persistente frente a los cuestionamientos del sector tecnológico, pese a reiterados intentos de contacto. En un contexto de creciente rigidez en las compras públicas, su falta de interlocución deja a proveedores y gremios en el desamparo. El reportaje plantea una conclusión crítica: o no existe interés en el problema o no hay capacidad para enfrentarlo, debilitando la institucionalidad y afectando directamente al ecosistema digital del país.
El silencio que gobierna: cuando la rectoría digital se desconecta del país
La ausencia de respuesta desde la Secretaría de Transformación Digital agrava la crisis en compras públicas tecnológicas, dejando a proveedores sin interlocución y evidenciando debilidades en la conducción estatal.
(americasistemas.pe. Lima, Perú – 22 de abril 2026) En esta segunda parte del tema que nos ocupa, vemos un Estado que avanza —al menos en el discurso— hacia la transformación digital, el rol de sus principales autoridades no puede limitarse a la emisión de directivas. Implica liderazgo, articulación y, sobre todo, escucha activa. Sin embargo, lo que hoy ocurre en torno a la Secretaría de Gobierno y Transformación Digital (SGTD) plantea una preocupación mayor: el silencio como forma de gestión.
Ernesto Carrera Salas, en su calidad de secretario de la SGTD y figura clave como órgano rector de la gestión digital del Estado peruano, tiene bajo su responsabilidad no solo la implementación de políticas, sino la conducción de un ecosistema que impacta directamente en ciudadanos, empresas y en la eficiencia del aparato público. En ese contexto, su rol exige presencia, criterio técnico y capacidad de diálogo.
Pero la realidad muestra otra cara.
América Sistemas intentó contactarlo a través de su teléfono celular, así como mediante su correo institucional. No hubo respuesta. No es un hecho aislado, sino una constante reportada también por diversos actores del sector tecnológico. La ausencia de comunicación no es menor: en un escenario de alta tensión regulatoria, el silencio institucional no solo incomoda, sino que desordena.
La lectura que deja esta conducta es inevitablemente crítica. O el tema no reviste interés para quien debe liderarlo, o la complejidad del cargo ha sobrepasado su capacidad de gestión. Ambas posibilidades son igualmente preocupantes.
El contraste con gestiones anteriores es evidente. Sin idealizar el pasado, al menos existían espacios de interlocución con gremios, proveedores y especialistas. Hoy, esos canales parecen haberse cerrado. El resultado es un sector que opera a ciegas, sin orientación ni posibilidad de retroalimentación frente a decisiones que afectan directamente su sostenibilidad.
Este vacío de liderazgo se vuelve aún más grave cuando se analiza en paralelo el endurecimiento de las condiciones en el sistema de compras públicas, como ya se evidenció en la primera entrega de este reportaje. Normas más rígidas, plazos más estrechos y menor flexibilidad requieren, como contrapeso indispensable, una autoridad presente. No una figura distante.
Porque aquí no se trata solo de procedimientos administrativos o plataformas digitales. Se trata del impacto real sobre una industria nacional que genera empleo, innovación y competitividad. Se trata, en última instancia, del bienestar de los ciudadanos que dependen de un Estado eficiente.
Un órgano rector que no escucha pierde legitimidad. Y un funcionario que no responde debilita la institucionalidad que representa. El país no necesita estatuas. Necesita gestores públicos a la altura del desafío.
