Obras por Impuestos (OxI) se consolida como una de las herramientas más eficaces del país para ejecutar inversión pública sin los vicios de la burocracia tradicional. Con más de S/ 20,000 millones movilizados, su evolución normativa amplía su alcance hacia servicios, planificación territorial y transformación digital. Se plantea una tesis clara: OxI debe ser protegido como política de Estado, al nivel del BCR, para evitar su distorsión o captura. En un contexto donde los grandes proyectos tecnológicos han fracasado, OxI emerge como la vía más realista para cerrar brechas desde las regiones, con eficiencia, transparencia y participación privada.
OxI: la maquinaria que no puede detenerse
Obras por Impuestos debe blindarse como política de Estado, al nivel del BCR, para cerrar brechas y acelerar la transformación digital desde las regiones, sin corrupción ni distorsiones.
(americasistemas.pe. Lima, Perú – 25 de marzo 2026) Si en la primera entrega (aquí) expusimos la “trampa legal” que amenaza con hacer desaparecer el mecanismo de Obras por Impuestos (OxI), esta segunda parte apunta al corazón del problema: lo que está en juego no es un esquema administrativo, es una de las pocas herramientas reales que tiene el Perú para avanzar.
Pongámoslo en términos simples, pero contundentes
OxI es “Delia”: una maquinaria de precisión, potente, que no se detiene, que trabaja 24/7 y que tiene un solo propósito —perforar las brechas históricas del país—. Así como esa tuneladora une distritos en tiempo récord, este mecanismo conecta al Estado con la eficiencia privada para ejecutar obras donde más se necesitan.
Y los números no son menores: más de S/ 20,000 millones ejecutados, más de 900 proyectos, un marco normativo robusto y en evolución constante. En un país donde la obra pública tradicional ha sido capturada por la corrupción, la burocracia y la ineficiencia, OxI ha demostrado ser una excepción funcional.
Pero precisamente por eso está bajo amenaza.
El verdadero valor de OxI: más allá del cemento
Reducir OxI a infraestructura física sería un error estratégico. El nuevo reglamento deja claro que estamos ante una evolución del modelo:
– Se amplía el alcance hacia servicios, mantenimiento y vivienda.
– Se acelera la ejecución con esquemas fast-track.
– Se fortalece la gobernanza con mayor supervisión y certificación.
Pero hay un punto aún más crítico para el lector de América Sistemas:
OxI puede convertirse en el principal vehículo para la transformación digital del Perú.
Porque si algo ha demostrado la historia reciente es que los grandes proyectos tecnológicos del Estado —interconexión educativa, redes de salud, infraestructura digital nacional— han fracasado, no por falta de presupuesto, sino por corrupción y mala gestión.
OxI rompe ese patrón.
Permite ejecutar proyectos tecnológicos con lógica privada, trazabilidad técnica (ahora obligatoria con BIM), y control más riguroso. Desde catastros digitales hasta planificación territorial inteligente, pasando por servicios públicos digitalizados: aquí está la oportunidad real de cerrar la brecha digital, provincia por provincia.
Un modelo que debe blindarse como el BCR
Aquí es donde este reportaje toma posición.
OxI no puede seguir siendo tratado como un mecanismo más, sujeto a vaivenes políticos o a intentos de captura.
Debe ser elevado a política de Estado, protegido institucionalmente —como el Banco Central de Reserva—, donde ningún gobierno de turno pueda distorsionarlo.
¿Por qué? Porque:
– Funciona donde otros mecanismos fallan.
– Reduce espacios de corrupción estructural.
– Acelera la ejecución sin sacrificar calidad.
– Moviliza inversión privada hacia necesidades públicas reales.
Permitir que se contamine —ya sea mediante esquemas financieros indebidos, malas prácticas o interferencias políticas— sería un retroceso histórico.
Vigilancia permanente: el rol que nos toca
Pero ningún sistema es invulnerable.
La reciente prohibición de certificados y bonos indebidos demuestra que los riesgos existen y son reales. También lo son los intentos de desnaturalizar el mecanismo desde dentro, aprovechando vacíos o reinterpretaciones interesadas.
Por eso, así como “Delia” requiere mantenimiento constante, supervisión experta y operación precisa, OxI exige vigilancia permanente.
Denunciar, analizar, exponer.
Ese no es solo un rol periodístico: es una responsabilidad país.
Queda en pendiente
En la siguiente entrega abordaremos un caso concreto que pone en evidencia estas tensiones: el Hospital de Tayabamba, en La Libertad, donde la interacción entre APP y OxI abre una peligrosa zona gris. Porque si algo queda claro tras este análisis es que:
OxI no solo construye obras… define el tipo de país que queremos ser.
